Bienvenidos

Este es un blog dedicado a las opiniones e impresiones, sobre todo y sobre nada, de quienes las escriben. Cada uno con su visión e ideas sostiene con su columna una parte importante del edificio. Siéntense a su sombra, hagan corrillo, beban de sus fuentes, ríanse, emociónense, abúrranse, comenten la jugada, o incluso añadan su propio fuste y capitel. Que lo disfruten.
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miércoles, 5 de mayo de 2010

Game over

Lenka
en Esperando a los búhos

Dos crías de trece años quedan para pelearse, una le machaca la cabeza a otra con una piedra, la tira a un pozo y se vuelve a casa, dejándola morir desangrada. Cosas que pasan. Igual pasaban antes, no lo sé. Igual ya pasaban antes de que existiera la tele, internet y la información al instante. Ahora lo vemos a todo color horas después de que ocurra. Oímos a los amigos y familiares dar sus opiniones. Podemos colarnos en las redes sociales de la matona y fisgonear su vida. Y, naturalmente, sesudos expertos nos brindan su diagnóstico, explicándonos que la chavala es gótica, o juega al rol, o alucina con Manson, ergo, obviamente, es una psicótica peligrosa obsesionada con la muerte. Cosas que no termino de entender muy bien, porque en este planeta somos varios cientos de miles los que nos divertimos roleando, los que simpatizamos con el rollo siniestro y los que brincamos con música del maligno. Y no tenemos por costumbre ir asesinando a nadie ni nos cuesta distinguir el bien del mal, o lo real de la ficción. Me cabrea esta cantinela, francamente. No recuerdo que se hayan hecho estudios serios sobre si en el perfil de hombre maltratador (por ejemplo) aparece con demasiada frecuencia la devoción por El Fary, la afición futbolera o el pantalón de pana como seña de identidad. Igual habría que mirarlo.

Por qué pasan estas cosas, se pregunta la gente escandalizada y sobrecogida. Supongo que porque es un mundo violento, feo, egoísta, desequilibrado, grosero, hedonista y brutal. Y, que yo sepa, los adolescentes no viven en Venus, sino aquí, con nosotros. En nuestro mismo globo. Nos cansa muchísimo educarles (porque es un soberano peñazo) y andamos enzarzados debatiendo quién debería encargarse de tan engorrosa tarea: padres, maestros, párrocos, la tele, los políticos, el psicólogo, la supernanny... Parece que nadie sabe o a nadie le apetece demasiado. Es curioso, porque les damos todo menos tiempo. Todo menos atención. Todo menos herramientas para salir al mundo, ideas, mensajes. Todo menos lo que importa. No pasa nada, porque siempre hay alguien a quien culpar de los fracasos. La ley del menor, la sociedad (ente intangible) o al pobre Manson. O esa misma tele que usamos como gurú.

Nadie se pregunta por qué nuestros enanos son analfabetos funcionales, tiranos insufribles, sociópatas sin la menor capacidad de empatía. Nadie se pregunta por qué manejan la pasta que manejan, por qué a los trece años nos invaden la calle hasta altas horas de la madrugada cacharro en mano con sus chillidos, sus peleas, sus vomitonas y sus destrozos de plaga bíblica. Nadie quiere saber por qué a los trece años amenazan, humillan, apalizan o violan por aburrimiento y para grabarlo con el móvil. Nadie se extraña de que con la dentadura aún incompleta posen en sus feisbuks y sus tuentis con aires de matones del Bronx ellos y de fulanas de carretera ellas. Ni de que a pocos meses de la primera regla o el primer grano los adultos sesudos llamen "relación" a los morreos que todos nos dábamos a esas edades. El juez está interrogando a Menganita, de doce años, que mantenía una relación con el acusado. Fuentes policiales apuntan a que los menores (de trece y quince años) se apuñalaron porque Zitanita mantenía con ambos una relación. La familia sospecha que Fulanito, ex pareja de la joven de quince años, podría estar involucrado en su desaparición. No os da grima y pavor todo eso?

Nuestros pequeños monstruos viven en una realidad virtual que no distinguen de la otra, de la auténtica. Son niños haciendo el papel de adultos. Son SIMS. Tienen otras pintas, nicks, amigos imaginarios, mascotas cibernéticas, misiones, pantallas, enemigos, otras casas, otras ciudades, otros mundos. Y cuando pasan un rato en este, olvidan "cerrar sesión". Tampoco es que les hayamos enseñado. Les hemos aparcado en un sitio en el que están callados y no tocan las pelotas. Les hemos disfrazado de adultos, quizá con la esperanza de que crezcan rápido y por su cuenta, porque, francamente, mientras son pequeños dan una brasa que lo flipas. Y educarlos es muy cansado.

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sábado, 27 de marzo de 2010

Darte tu merecido

Lenka
en Esperando a los búhos

Pocas cosas me producen mayor vergüenza ajena que ver a uno de tantos tarados acudir a cualquiera de los shows buscatalentos tan de moda últimamente y hacer el ridículo. Esa clase de peña de la que te preguntas: "pero, no tiene familia o amigos? Nadie que le diga que no vale pa esto?" Es ya un clásico en la tele, esa interminable parada de los monstruos. Se dan varios formatos, del caza estrellas al corrillo maledicente, pero es lo mismo. Unos se dan más pisto que otros. Puedes renunir una banda de aspirantes a ídolos o invitar a plató al patético de turno (cantante, actor, pitonisa, poeta, lo mismo da), y partirte el eje a su costa. No sé por qué, pero eso mola. Lo insólito del asunto es que haya tantas personas (con talento e incluso sin él) que insistan en merecer una oportunidad.

Merecer. Un verbo curioso. En realidad todos creemos merecer algo. Si no todo cuanto deseamos al menos una parte significativa. Lo merecemos, por supuesto. Y se nos tiene que conceder. No hace mucho lo comentaba con una amiga. Nos empeñamos en que merecemos las cosas y nos hundimos cuando no salen bien. Pero qué es lo que nos hace creer que merecemos? Qué tenemos de especial como para merecer cosas? El hecho de poseer una cualidad, un don incluso, ya nos cuelga la etiqueta de "merecedor"? Por qué? En base a qué? Como escribo bien (o eso creo yo) merezco ser una novelista de éxito? Bien, puede que lo merezca así en crudo. Pero por qué yo? No hay otros mejores? No puede ser que no sea en realidad tan buena, o que lo sea pero no guste? Obviamente puedo luchar para conseguir tal meta, pero nada me garantiza alcanzarla. Nada. Puede que verdaderamente tenga talento, pero quizá no tenga suerte. O no encuentre el modo. En fin. Es como para enfadarse con el mundo y con la vida, empecinada en que se me debe algo? No es más sencillo asumirlo, cambiar de esquema (en lugar de permitir que al caerse él se me caiga el mundo entero) y vivir?

Hay variables que controlamos y otras que no, llámense azar, destino, dios, oportunidad o lo que guste. Pasar por alto ese detalle me parece una temeridad. O pura candidez. Por qué a mí, decimos con mucha frecuencia. Anda. Y por qué debiera pasarle a otro? Quién lo merece más o menos que tú? Quién decide tal extremo? No es justo, decimos. Nadie dijo que lo fuera. Merezco esto, no merezco lo otro. Quién merece qué? Qué le debe la vida a cada cuál? Es que no funciona así. Es que la vida no entiende. La vida, ya lo dijo la gran filósofa Marisol, es una tómbola. Básicamente no distingue, y le importa todo un pijo. La vida reparte papeletas y lo mismo te toca el gordo que un cáncer. Qué merecías más y por qué razón? Claro, todos diríamos que merecemos el premio, pero nunca el dolor. Pero es que las reglas no son esas. No hay reglas. Nunca las hubo.

Nos han malcriado mucho y nos han incapacitado para enfrentar la decepción. Nos han vendido que la vida es una madre amorosa incapaz de hacernos pupa, un cuento de Hollywood, todo saldrá de perlas porque yo lo valgo. Nos lo hemos creído. Y aquí estamos, como pollos sin cabeza, tullidos en las barbas de la Gran Putada Cósmica. No hay derecho. Yo lo merecía. Que alguien me compense por esto. Por qué aquella sí y yo no? Yo lo quería! Ahora me enfado, me deprimo y no respiro. Yo no puedo, que alguien tire por mí, que alguien me etiquete, me medique y me dé la fórmula. No hay fórmulas tampoco. Toca vivir y pagar la cuenta. Es así, para bien y para mal. Encájalo con arte.

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miércoles, 17 de febrero de 2010

Matando dragones

Lenka
en Esperando a los búhos

Muchos (ellos y nosotras) nos preguntamos el por qué de esa aparentemente irreconciliable rivalidad entre mujeres. Es curioso, porque tampoco se nos escapa cuando se da entre hombres, pero quizá tendemos a simplificarla. O puede que ella misma sea simple, sin más. Por qué rivalizan los hombres, teóricamente? Por el poder, por las mujeres. Por ser los machos alfa, dirían en un documental, o los gallos de la quintana, diría mi abuelo. Dicha rivalidad puede ser durísima, violenta, brutal. La testosterona y esas cosas. Y, al mismo tiempo, parece que todos (ellos y nosotras) tengamos asumido que, en realidad, los hombres son noblotes por naturaleza y no se toman demasiado en serio ni siquiera a sí mismos. Dos tíos pueden romperse los tobillos a patadas para demostrar cuál de ellos maneja mejor una pelota, pero finalizada la competición, supuestamente, se estrecharán la mano y beberán juntos.

Por qué rivalizan las mujeres? Es también por el poder y por los machos? Realmente somos las mujeres más retorcidas, más envidiosas, más pérfidas y rencorosas que ellos? Y, si es así, por qué se da al mismo tiempo una relación tan mágica, tan brujeril, tan de hermanas, tan inexplicable entre nosotras, o al menos entre aquellas de nosotras que logramos entendernos, que nos empeñamos en tejer lazos secretos no siempre comprensibles desde fuera? Qué hace que tías completamente diferentes entre sí, con edades dispares, con ideas irreconciliables, procedentes de mundos distintos, se reconozcan como iguales y sean amigas?

Parece que los hombres necesiten pocas palabras e incluso pocos gestos para ser amigos. A lo largo de la historia se les ha educado para eludir la ternura, para comportarse de un modo parecido al de los lobos: juntos en manada pero cada cual por libre. Nosotras parloteamos incansablemente, nos tocamos, nos recordamos. Incluso las "poco femeninas", las más alejadas del cliché, las esteparias, erizas y despegadas tenemos nuestros momentos, nuestros rituales, nuestras maneras más o menos convencionales de mantener viva esa llama extraña. Dos hombres pueden ser amigos y definirse como tales sabiendo apenas cuatro detalles de la vida del otro. Callando juntos, sin más. No dudo que eso requiere cierta complicidad. Las mujeres tendemos a compartirnos, y, diré más, a adivinarnos. No sé por qué razón.

Imagino que todo este rollo místico viene de muy atrás, del unirse para compartir secretos y enseñanzas vedadas, del afán por apoyarse y sobrevivir en un mundo que era de ellos, creado por ellos, mandado por ellos, etiquetado por ellos. Toda esa herencia debiera haber originado un compañerismo (un comadreo, quizá) a prueba de cualquier cosa, una solidaridad absoluta. No caeré en la monserga fácil de si el asunto se estropearía cuando la historia se empeñó en hacernos santas o putas, garantes de las honras, moneda de cambio, repudiada o favorita. Quizá empezó por ahí. Divídelas, porque juntas no harán nada bueno. Si fue así, aún no nos hemos apañado para solucionarlo, cayendo en trampas viejas y en otras nuevas que todas conocemos. Pero ponerse a filosofar alargaría demasiado esta reflexión (que ya será demasiado larga, como siempre).

La sabihonda Mafalda adora a su madre (salvo por la sopa) pero no pierde ocasión de soltarle lindezas del tipo: "tranquila, mamá, que yo no voy a ser una mediocre como vos". Es brutal, es espantoso, pero es cierto, maldita sea. Pareciera que desde que el mundo es mundo las mujeres han recorrido inexorablemente esa senda de liberación que implica esfuerzo, lucha... y matar a la madre. Asesinar a sangre fría (y con enormes culpas) lo que la madre significa. La vida que la madre vivió, todo aquello que quiso, que defendió, que atesoró, sus sueños, sus esperanzas, sus códigos. Es una cosa horrenda, dolorosa, extraña. Es amar a la madre enormemente, respetarla, darle las gracias por todo cuanto hizo y lo que no hizo por una. Y es, al mismo tiempo, tener la certeza de que en muchas cosas "no seré como ella". Lo más antinatural convertido en lo más natural. Seguro que todas entendéis de qué estoy hablando.

Es un espanto eso de que el mundo, el cosmos, la vida, la historia, te pongan en el brete de matar a mamá. De amar ciertas de las cosas que representa y demoler otras sin dudarlo ni un momento. Es terrorífica esa frase (expresada con la crudeza y el relajo infantil) del "tranquila, que no seré como tú". Porque resulta que casi toda madre lo aplaudiría. Hija, sé mejor que yo. Más libre que yo. Chilla más de lo que yo chillé. Quizá de ahí venga el misterio. La esencia. Ese amor odio. Ese rencor a la hija, la joven, la nueva, la rival, la que se atreve (que es el rencor del "yo no me atreví, no pude, no supe, no me dejaron") y a la vez esa admiración, ese quitarse el sombrero ante ella. Esa ambivalencia. Ese dejarse matar por la hija. Ese asumir que la hija te ama y te asesina simbólicamente por lo que no ama de ti o no comprende o no está dispuesta a asumir y emular. Es horrible y hermoso, pura mitología. Ellos matan dragones. Nosotros matamos madres. Es sórdido y cruel, pero también encarna el amor más enorme, el que todo lo entiende. Mátame y sé lo que yo no fui. Yo te aplaudo por ello. Por eso no puede haber nada más visceral y complejo que el amor de madre, supongo.

Por eso, a lo mejor, todas nos amamos y nos odiamos de algún modo. Todas respetamos y alabamos los arrestos de las anteriores, las madres, aspirando al mismo tiempo a superarlos. Todas miramos con recelo a las siguientes, la hijas, sabedoras de que nos ningunearán los principios cualquier día. Y todas contemplamos con curiosidad, temor, envidia, recelo, cariño, admiración, complicidad y desdén a las hermanas, las otras, las rivales, preguntándonos si caminan a nuestro lado o si nos pondrán la zancadilla, si son amigas o enemigas, si pelearán en nuestro bando o tratarán de hacernos polvo, si persiguen lo mismo, si son arietes o piedras en los bolsillos, si nos ayudarán a demoler paredes o nos pondrán rejas en las ventanas. Preguntándonos siempre si la de enfrente es como nosotras o es lo contrario, si nos comprende o no, si compartirá la parcela conquistada o nos disputará el rincón a empujones, si es guerrera o sumisa, si se creyó las normas, si nos colgará las alas o los grilletes.

Un guiño de bruja a todas las brujas. Del clan que sean.

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martes, 12 de enero de 2010

Los Toros, 4: Lo inexplicable

Lenka
en Esperando a los buhos

Cuando me preguntó por qué, intenté explicarle que aquello era un arte, una sublime y hermosa manifestación de valor y bravura, un baile cara a cara con la muerte, la lucha ancestral entre el hombre y la bestia. Le hablé de tradición, de ritual, de sentimiento, de emoción, de algo inexplicable y hondo que navegaba por las venas de todo un pueblo, de una identidad común, de mil historias que habían ido tejiendo esa otra Historia con mayúsculas, de mil recuerdos y nostalgias de tardes de sol y nervios, de la insostenible excitación de la vez primera, de rito iniciático, de hombres corajudos y arrogantes, de asombrados ojos de niño, de sangre y arena. Le hablé de magias que no debían perderse por la ceguera cándida de unos pocos (ni siquiera de muchos), de cómo injustamente esos otros se apropiaban del amor y el respeto al noble animal, cuando qué sabrán ellos, qué sabrán de criarlos con mimo y esmero, de pasmarse ante su brío indomable, de llenarse de orgullo contemplando con qué arrestos y dignidad se baten hasta el último aliento. Qué sabrán ellos, claro, que ni comprenden ni maldito intento que hacen en comprender la verdadera naturaleza de un ser tan poderoso que jamás ha pedido ser salvado y que, sin duda alguna, sería condenado a una suerte peor si la fiesta desapareciera.

Y me salió con los derechos, claro. Como si un animal, por bello y noble que sea, tuviera derechos. Cómo puede tener derechos quien no tiene deberes ni puede reclamarlos ante un tribunal? Qué majadería. Parecía no entender que se pudiera amar de corazón a un ser vivo mientras se le negaba el derecho más fundamental y se gozaba viéndole morir. Se empeñaba en tergiversarlo todo, señalando con tozudez el desatino de, en nombre del amor, mantener porfiadamente la muerte como único destino posible. "Pero no dices que amas al toro? Cómo es que por amor y respeto disfrutas viéndole torturado? Cómo puedes amarle y afirmar que su única utilidad es esa, sangrar para elevar tus sentidos? Cómo puede ser eso amor y necedad lo que mueve a otros a desearle otra suerte? Te mato porque te amo? No lo entiendo". Claro que no lo entendía. No todos entienden el arte. Es inútil intentar explicarlo. Lo sientes o no lo sientes.

Y si no lo sientes, demonios, no te aferres a estúpidas ideas. No humanices a un animal ni le otorgues sufrimientos que no padece, ni derechos que no le pertenecen, ni te empecines en defenderlo cuando no se te ha pedido. Son excusas, meras excusas tuyas para justificar tu sensiblería. El toro es bravo y noble, nació para ser lidiado y para danzar en la plaza en ese sublime banquete de la parca. Y el hombre que se planta delante y lo desafía encarna lo más grandioso que imaginarte puedas. Es soldado, es poeta, es matador. "Pero no me echas en cara que humanizo al toro? Por qué hablas tú de nobleza entonces? Es un animal, qué pinta la nobleza en todo esto? Toda esa palabrería tuya no serán excusas para justificar un vulgar acto de sadismo?" No entiende nada. Esto es una pérdida de tiempo.

Ya que te obstinas en tus sandeces ñoñas, y eso es lo que suelen hacer los ignorantes, querido amigo, intenta al menos respetar mi libertad. Yo veo arte, nobleza, tradición, valor, una hermosura rotunda y grandiosa que tú no alcanzas a distinguir. Bien, nadie te obliga a asistir a este espectáculo. Mira a otro lado y no trates de imponer tu moral a quienes saben ver con otros ojos. Nada hay peor que la imposición de la moral. Es de dictadores. Imagina que yo intentara imponerte mis principios por la fuerza. Imagina, por ejemplo, que te prohibiera ir al cine. Qué pensarías? "No veo a quién se hace daño yendo al cine. Para mantener la fiesta debes torturar y matar a un animal". Anda, claro, ya salió el paladín del buen rollo, el amante de los bichitos. Acaso no comes filetes, tú? "Digamos que alimentarse me parece más importante que recrearse la vista". Míralo, qué listo. También puedes pasar sin carne. "Y tú puedes pasar sin toros, imagino". No hay manera, desde luego. Cuando la gente no quiere entender, qué puedes argumentar? Animales con derechos, sadismo y hasta machismo te sacan a relucir. Lo que sea con tal de no reconocer que, sencillamente, no les gusta la fiesta porque no la entienden. Porque se dejan llevar por la blandura más cursi y mojigata. Porque, en el fondo, son unos fascistas morales y sólo sus valores merecen ser respetados. El mundo va irremediablemente camino de la imbecilidad más absoluta. Ahora hay que sentir pena por un pedazo de bicho de seiscientos kilos, inocente criaturita, porque resulta que sus "derechos" están por encima de los míos. Venga ya.

En fin. Cómo alguien puede ser tan cerril de no ver la belleza, el arte, el valor, la nobleza, la extraordinaria prueba de amor y respeto a la dignidad del toro que hay en esto?

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jueves, 12 de noviembre de 2009

Las amistades peligrosas

Lenka
en Esperando a los búhos

Son muchos los que afirman que un hombre y una mujer no pueden ser amigos. Se entiende que de tal maldición quedan automáticamente exentos los individuos con tendencias sexuales, digamos, incompatibles. Lo digo porque parece que siempre haya existido la amistad mujer hetero - hombre gay, por ejemplo. Es como si la eliminación de la tensión sexual salvaguardara esa relación limitándola al cariño platónico. Curiosamente no se conoce tanto el tándem hombre hetero - mujer lesbiana. Pero sí el de gay - lesbiana. Hombre gay con hetero... bueno, sigue teniendo sus fricciones. Sus tapujos. Hetera - lesbiana no lo tengo muy estudiado. Conozco casos. Bastantes. Pero como no es plan de hacerse una tesis, me centraré en lo que mejor controlo, por propia experiencia. Los heteros de ambos sexos. Y así, ya de entrada, osaré decir que, ciertamente, la amistad entre ellos es compleja. Y la culpa culpita, chicos, es vuestra. Así, en general.

Antes de nada declaro que tengo amigos varones. Unos cuantos. No tantos como amigas, cierto, pero los tengo. Pocos y buenos. Maravillosos. Hombres que no sienten el menor deseo sexual hacia mí, ni yo hacia ellos. Digo esto porque, en general, los mayores incrédulos de la amistad tío - tía que me he ido encontrando son machos. Y casi todos ellos afirman que si esa amistad es un mito imposible e impensable es por causa del deseo. Ellos mismos proclaman que un tío jamás busca amistad en una mujer, sino única y exclusivamente sexo. Con esta premisa, pueden pasar varias cosas:

1) Que obtengan sexo, con lo cual ya no hablaríamos exactamente de amistad, sino que habría matices (amigos con derecho a roce, amantes, novios, polvo ocasional y nunca más... lo que se tercie)
2) Que no obtengan sexo, con lo cual se abren otras dos opciones, a saber:
2.1) Se largan con viento fresco (confirmando la teoría por ellos expuesta)
2.2) Se quedan esperando mejor ocasión, convirtiéndose, también según ellos mismos, en pagafantas.

Es curiosa la idea que tienen algunos chicos de las mujeres y de la forma femenina de gestionar los afectos. Parecen creer que las mujeres no quieren amigos, sino esclavos. Un chaval sumiso, siempre disponible para el consuelo, la percha, el consejo, cargar bultos en una mudanza, espantar moscones o cualquiera de esas cosas que tanto nos gusta que hagan por nosotras. No sé las demás, yo no permito que un tío que siente algo por mí en lo que no le correspondo se me quede cerca revoloteando. Me parece doloroso e innecesario. Y cruel. Que persiste en quedarse por ahí? Bueno, que se apañe. Que pelee él con lo que siente, ya que se le supone mayorcito. Pero inevitablemente iré restringiendo el contacto. No le pediré favores ni consejos. Nada que, a mi entender, pueda darle esperanzas que no existen.

Muchos chicos encuentran al pagafantas un perro faldero sin arrestos, dejándose mangonear por una pérfida caprichosa sin entrañas. Habrá casos. Por haber... Aconsejo a los pagafantas que se liberen de sus cadenas, si las hubiera. Y aconsejo a quienes critican el fenómeno que se lo hagan mirar. Porque no deja de ser curioso que les resulte de un egoísmo interesado intolerable el hecho de que una chica mantenga a su lado a un hombre... sin darle sexo a cambio. Sin-darle-sexo. Se capta? Hablando en términos de egoísmo, qué diferencia a la que quiere, pongamos, un enchufe por la cara del que quiere un polvo por la cara? Qué jeta, colega, tenerle montando muebles cuando sabe que no follarán. Qué rostro, campeón, que tú te ofrezcas a montar muebles sólo cuando atisbas un polvo. Que lo consideres una recompensa, y hasta un derecho.

La mayoría de los tíos que conozco (salvo benditas excepciones) no tienen amigas. Nop. Tienen esposa, ex-esposa, novia, ex-novia, amante, ex-amante, novias/amantes/esposas de sus amigos o conocidos varones. Tienen, básicamente, tías con las que ya han follado, follan o querrían follar. Y tías con las que no se folla, sí, pero solamente porque está feo follar con "la mujer de otro". Ese es el quid del asunto para tantos y tantos. Amigas, sin pretensiones sexuales? No. Muy pocos. Ni las tienen ni quieren tenerlas, por lo visto. No pretendo decir con esto que ningún hombre sea capaz de entender y disfrutar de la amistad pura y dura con una mujer. Ni tampoco que todas las mujeres sí sean capaces de tal milagro. De todo hay, como en botica. No pretendo sentar cátedra, sólo hablar de lo que conozco por mí misma. He oído a muchas mujeres (yo misma entre ellas) decir aquello de: "podemos ser amigos". Y son sinceras. Lo desean de verdad. Normalmente no pueden hacerlo (no podemos). Porque ellos, aunque asienten, huyen. Desaparecen. Ocurre exactamente igual a la inversa. Cuando son ellos los que te rechazan o los que te dejan (cuando el sexo sale de la ecuación), te sueltan la misma pamplina sin creérsela: "quiero que sigamos siendo amigos". Y todas sabemos que, el día que un tío te espeta tal cosa, será mejor que le hagas una foto si pretendes acordarte de su cara. Porque, muy probablemente, jamás le volverás a ver.

(Dedicado a mis amigos varones, que tan bien saben serlo y tan afortunada me hacen sentir. Y, en general, a todos los hombres y mujeres que consiguen cargarse el mito)

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jueves, 29 de octubre de 2009

La Edad de Piedra en gorra y tacones

Lenka
en Esperando a los búhos

Vuelvo el otro día de hacer la compra y me cruzo con una turba de prepavos, o sea, doceañeros. Ellos disfrazados de raperos rudos del Bronx. Ellas disfrazadas de... no sé, una especie de híbrido Britney-Esteban. Veo mucho pantalón caído, calzón al viento y gorra patrás por un lado y mucho taconazo, rimmel, laca y bolso de plástico por el otro. Vale. El griterío es superlativo. Los hombrecitos hablan fuerte y hacen poses de tipos duros. Un taco por cada dos palabras. Mucho "tío", mucho "joder" y mucha amenaza gratuita, de esas de "chaval, no te columpies que te meto", pero de buen rollo, entre colegas. Las mujercitas emiten chilliditos y risas, se tocan el pelo y hacen poses de negrata furibunda, con mucha mano alzada (stop, in the naaaame of loooove) y mucho meneo de cuello en circulitos. Mucho "joder" y mucha "tía", por supuesto. Tope total.

La tienen liada porque los niños quieren que venga no sé qué niña que les mola y ellas la están llamando a ver si baja o qué. Como la "pava" no viene, empieza el cristo. A la que maneja el móvil la llaman gilipollas, mongola, imbécil y subnormal (con todo el cariño) por no saber convencer a la disidente. Cuando las otras intentan meter baza y aconsejar a la telefonista también las increpan con tiernas frases tipo: "tú calla, gorda de mierda", o "no te metas, pija del culo". Por fin, cuando queda claro que la reina de la fiesta no va a acudir, la chavalería se despide de ella con efusividad, usando poéticos adjetivos tales como: "anda, quédate en casa, so puta", "ya vendrás luego, zorra", "que te den por el culo, chula de los cojones" y demás lindezas.

Que nadie piense que tal despliegue de grosería cavernícola indigna a las muchachas. Nop. Para nada. La portavoz del equipo, tras colgar, suelta un lastimero: "joooo, que dice que no os pongáis así, que no la dejan, poooobre". Me puedo imaginar a la chiquilla, prisionera en su casa y sintiéndose culpable a más no poder por el feo imperdonable que les ha hecho a sus amigos, los cuales, con todo derecho, la han puesto a caer de un burro. Terminada la actuación, ambos grupitos, el de mozos y el de mozas, siguen su camino entre más chillidos, zancadillas, golpes, collejas, tirones de pelo, zarandeos e insultos de todo tipo, dirigido todo ello de los machotes a las feminotas. Cada porrazo o improperio es recibido por las niñas con berriditos de supuesta indignación y muchas risitas. Cuando a una le hacen daño (y se ven mamporros bastante serios), la susodicha hace un mohín y se aleja taconeando herida en su orgullo. El responsable del leñazo se disculpa zalamero: "hala, sí, vete, anormal". Las amiguitas chillan un: "tíaaaaaaaaa, quedatéeeee". Y un caballerete andante de metro y medio decide desfacer el entuerto con galantería, adelantándose en pos de la agraviada y consolándola con una palmotada en las nalgas, agarrándola por la muñeca y arrastrándola de vuelta al redil, mansa como una cordera, sonriente y satisfecha.

Qué coño estamos haciendo? Esto es ahora lo "normal"? Me estaré convirtiendo en una carcamala de 31 tacos cada vez que pienso que "esto en mis tiempos no pasaba"? Esto de hoy es lo bueno, lo modelno, lo chachi? Yo era una estrecha amargada porque si un chaval me arreaba en el culo, me insultaba o me hacía daño con juegos bestias le metía un guantazo o bien pasaba de él y me iba? La peña de nuestros días (ellos y ellas) son más sexistas que nuestros abuelos? Es más, esto es sexismo o simplemente mala educación y violencia gratuita de unos con otros y viceversa? Llegará un día en que hombres y mujeres sean capaces de tratarse con naturalidad? Antes pasaba esto y yo no lo veía? También entonces nos faltábamos al respeto desde pequeños? No es triste que en pleno siglo XXI el "puta" y el "zorra" gocen de tan buena salud y estén tan asumidos que hasta un piojo desnutrido de doce años se crea con derecho a usarlo como sinónimo de "tía"? Qué le ven ellas de gracioso y de aceptable? Y otra duda que me corroe... por qué sigue habiendo tantos seres de sexo masculino que condenan, señalan, desprecian, humillan y pisotean a voces lo que secreta (pero obviamente) les pone cachondos? Soltad a un púber entre chiquillas y sabréis de inmediato cuál de ellas le alegra los bajos. Esa a la que con más saña increpa y patea. Salvo porque no pegaría con la gorra y los pantalones raídos, cualquiera esperaría oír un: "tú, pecadora, súcubo de Satanás, tú eres la culpable de despertar mi lascivia y pagarás por ello!!" Es sólo que la testosterona les confunde y les vuelve agresivos, o de alguna manera se les ha quedado grabada en el coco toda la mierda machista del cosmos, sin ellos mismos saberlo? Y por qué ellas lo aguantan, por todos los Dioses???? Creo que estamos manteniendo ideas y mensajes equivocados. Y me pone un poco los pelos de punta.

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domingo, 24 de mayo de 2009

Las Rosas Regás y los pavonazis

Lenka
en Esperando a los Búhos

Todos los fines de semana escucho La Rosa de los Vientos, y después, por pura pereza, dejo la radio encendida, lo que significa que me duermo con Salas y me despierto con Herrera. Estoy tan acostumbrada al ritual que casi me cuesta dormir sin ese runrún de vocecitas de fondo. Hoy he vuelto al mundo de los vivos oyendo comentarios sobre Eurovisión a los que no hice demasiado caso y más tarde un par de anécdotas a las que tampoco habría prestado mayor atención de no ser por el desafortunado comentario final. Os cuento.
Charlaban Herrera y sus contertulios y uno de ellos mencionó que, según palabras de Luis Aguilé (del que sólo recuerdo algunas imágenes en blanco y negro en programas nostálgicos, y que desde mi óptica de niña era un gigantón con pinta de borracho graciosete) el susodicho se había acostado con trescientas mujeres antes de sentar la cabeza. Bien. Vale. Risas cómplices y un par de bromas sobre si las señoras creerían que el desmesurado tamaño de sus corbatas era indicativo de otros tamaños más interesantes.
A renglón seguido, se nos cuenta que la escritora Rosa Regás ha dicho tajantemente haber follado todo lo que ha querido en la vida, especificando además que, si se le retrasaba un vuelo, aprovechaba la obligada espera en el aeropuerto para echar un polvo con algún desconocido. No hubo risas cómplices, ni aplausos a la brava señora, ni siquiera alguna chanza sobre lo morada que se habrá puesto si solía volar con Iberia. El comentario fue: "viéndola ahora, quién diría que tuvo tal poder de seducción?"

Rosa Regás es una mujer mayor, por lo que, en nuestra cultura de culto al cuerpo dictatorial en la que una actriz de cuarenta años es poco menos que una anciana, podemos afirmar que ya la consideramos (a la escritora) invisible, asexual y con un pie en la tumba. Cosa que no nos ocurre con Connery, con Julio Iglesias o con el anteriormente citado Luis Aguilé, que, francamente, nunca fue un Adonis. Existe, desde luego, un feminismo radical y feminazi, y existe un machismo radical, nazi y castrante. Y luego existe el otro machismo, ese tontorrón, infantil, bobo de baba, asumido, normalizado y corriente que, si me permitís, voy a bautizar como "pavonazi", porque es al mismo tiempo una perpetuación de la imbecilidad adolescente y una exhibición bastante ridícula de hombres pavo real.
Hugh Heffner es un héroe para muchos, genio y figura, un tipo divertido, un vividor, qué bien se lo monta (y se las monta), toma ya, con dos cojones. Cómo nos reíamos con el doctor Iglesias Puga, siempre dispuesto a contarnos sus hazañas de Tenorio. Son legión los hombres ilustres que han puesto cifra a sus conquistas, que se han rodeado hasta el final de nínfulas hermosas y nos han admirado por sus ganas de vivir y su alegría. Con qué saña, sin embargo, hemos tratado siempre a la mujer madura que ha conquistado al hombre joven. Qué ridícula la hemos considerado siempre. Como si ser un abuelo en batín, adicto a la viagra y rodeado de pencas tetudas vestidas de conejas no fuera también abrumadoramente ridículo, hortera a más no poder y ligeramente patético. Por qué entonces lo uno nos parece admirable y lo otro no?

Le buscamos a todo razones biológicas, químicas, neurofisiológicas y la madre del cordero. Pero no dejo de pensar que, al fin y al cabo, por exacta que sea una ciencia, no siempre se libra de nuestra interpretación. De nuestra visión, nuestros prejuicios, nuestra moral, nuestras costumbres. Nos han dicho que el macho es infiel por naturaleza, que es conquistador, seductor, no puede evitarlo. En su instinto está propagar la semilla. Y, como puede propagarla hasta el fin de sus días y la mujer no, pues qué le vamos a hacer. No es machismo, es la naturaleza. Por eso el macho busca hembra joven y fértil. No es por vicio. Es memoria genética.
Lo que nunca nos dicen es que, quizá por esa regla de tres, la mujer es por naturaleza promiscua, buscando siempre el mejor partido para sus cachorros, la mejuor herencia posible, el néctar más poderoso. No nos han dicho que quizá lo más natural sea que ellas piquen de flor en flor, siempre subiendo el listón. No por vicio, claro. Y que, una vez llegada la infertilidad, que se vuelvan aún más promiscuas, con la esperanza de encontrar a un macho que cuide de ellas en la vejez. Uno más joven y fuerte, naturalmente. Con la ventaja, además, de no acarrearle el esfuerzo añadido de ampliar la prole. Mientras tú, querido efebo, esparces la semilla entre las mozalbetas, conmigo puedes estar tranquilo. Conviérteme en tu reina madre. Pero no, parece que la biología sólo justifica lo que quiere justificar.

Este machismo infantilón no sólo niega el presente y el futuro a la mujer madura. Le niega, además, su pasado. Pasada cierta frontera la mujer no sólo ya no es, es que no fue. Queda borrada, anulada. No es sólo que Connery sea un galán a sus casi ochenta años y en cambio Meryl Streep no sea una mujer fatal a sus sesenta (sí, habéis calculado bien, son exactamente veinte añazos menos), es que no lo fue nunca. Para eso tendría que haberse muerto joven, como Monroe, o retirarse del mundo, como Greta. Cualquier cosa antes que obligarnos a ver su decrepitud. Rosa Regás (adoptada inmediatamente entre mis queridas Mujeres Malas) fue joven, por si lo dudáis, y fue lozana, rozagante, hermosa, carnal y llena de vida. E hizo muy bien si se folló a todo lo que se movía haciendo muescas en los lavabos de los aeropuertos. Y haría muy bien si hoy día siguiera moviendo las caderas siempre que tuviera ocasión. Aunque nos pareciera sumamente estúpida y ridícula, nos diera una lástima no exenta de crueldad y envidia malsana. Aunque nos obligara a pensar que nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras hermanas, esposas e hijas (horror!) también follaron todas ellas lo que quisieron o pudieron, y muchas de ellas menos de lo que deseaban, y otras muchas más de lo que confesarían seguramente por miedo a que algún corrillo de cincuentones pavonazis y vanidosos se rieran por lo bajo descreídos.

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viernes, 1 de mayo de 2009

Catetos a babor, a estribor y a cascoporro

Lenka
en Esperando a los búhos

Resulta que hay una tipa francesa de orígenes pijo-faranduleros, con un nombre divino y una pinta de lo más resultona. Una tía guapa, pero guapa, guapa. Creo que fue modelo, aunque no estoy segura. Y sé que algo cantaba, con una de esas voces lánguidas y desganadas tan típicas de las gabachas. Se me perdone la osadía, pero a mí, por lo general, todas me suenan pavisosas, famélicas y como aburridísimas de sí mismas y de la vida en general. Será porque me gustan las voces desgarradas, fuertes, roncas, poderosas. Qué sé yo.

El caso es que hay una tipa francesa estupendísima, que, además, está liada, casada, amancebada o vaya usted a saber qué puñetas con el presidente del país galo. Dicho señor y dicha pareja del mismo, han estado por aquí de visita oficial. No tengo ni la menor idea de a qué se ha dedicado el vecino, qué ha comentado con nuestro presi (cosas de terrorismo, colaboración internacional y economía, calculo) ni si el asunto ha sido fructífero o no. Lo que sí sé es que no ha habido informativo, programilla, tertulia, periódico serio o revista rosimbécil que no haya comentado al detalle la supra belleza de la consorte, sus modelos, sus discretos tacones (el marido es bajito), su pelazo, sus ojazos, sus pomulazos (ya se sabe: las pobres tenemos mofletes, las ricas tienen pómulos, que son unos bultos muy raros de bótox que te salen debajo de las cuencas oculares cuando tienes pasta), sus rubores de colegiala tímida y hasta (lo juro) su culo prieto y respingón.

La sobredosis ha sido como para náusea. Sé muy poco de esta señora. Lo mismo es más maja que las pesetas, pero en estos momentos creo que la odio. Quién es? Qué hace? A qué se dedica? Cuáles son sus inmensos logros, esos que justifican que un país entero haya gastado ríos de tinta y flashes con ella? Ha descubierto una vacuna, un nuevo planeta, ha compuesto una sinfonía? Porque, hasta donde yo sé, su mérito más notable es ser guapa. Y ejercer con mucho estilo de florero y/o/u complemento a un señor que dirige la política de un país. Ni más ni menos. Así que nada, dado que la hermosura de la penca esta es un tema de importancia incuestionable, hablemos de ella. Dediquémosle toda nuestra atención. Y aprovechemos, naturalmente, para compararla con las glorias patrias. Porque ella será muy alta y muy preciosa, y con los ojos verdes y azules. Pero la nuestra es reina. Toma ya. Y a glamour no la gana, a nuestra Letizia. Hombrepordios. Que vete a saber si no cantará igual o mejor. Vamos.

Las he visto juntas, separadas, de frente, de culo, de perfil y no las he visto haciendo el pino puente porque debe ser muy poco protocolario. Lástima. Porque me puedo imaginar los interesantes debates que se habrían montado. De hecho no sé cómo es que hemos podido resistir la curiosidad de saber si la Carla usa braga-faja o tanga leopardo. Yo, personalmente, estoy corroída por las dudas. Y ahora se ha ido, y nos ha dejado, y todo es más triste y más gris. Qué haremos sin ella??? De qué hablaremos??? Qué otro tema interesante podremos encontrar en nuestra actualidad, ahora que Bruni nos ha abandonado??? Cómo superar su ausencia???

En fin, siempre nos quedarán las tordas del Berlusconi. O no, claro, porque la aguafiestas de su señora (que tiene morritos, pero no tiene los pomulazos de la francesa) le ha metido tijera a la lista de su esposo. Tan concienciado él, tan preocupado por la igualdad, tan dispuesto a introcucirles a las mujeres... digo... no, perdón, a introducir a las mujeres en la vida política. Sí, señor. Con un par. De tetas. Un visionario, sin duda. Siempre pensando en el bien de sus votantes. Será para animarles las braguetas tras el terremoto. Primero que vaya el Papa y luego ya llenamos el parlamento de mamachichos. Y pobres muchachas, digo yo. Con lo que se lo estaban currando. Que entre Grandes Hermanos y estriptises se habían hecho un cursillo y todo, pa saber qué es la Otan y todas esas cosas. Las chiquillas. Si es que... la envidia es muy mala. Ya podía la Berluscona cerrar el pico y no meterse en las cosas de su marido. Con lo mona que estaría paseando modelos, como la Bruni. Ya se sabe. Mujeres. Lo monas que son y la lata que dan. Pobre Silvio. Si él lo hacía con la mejor intención. Si además ya se sabe que las guapas son tontas, pero adornan. Y las feas son lesbianas. Y no íbamos a llenar el parlamento de marimachorras invertidas, Cristo. Que estamos hablando de un país decente!!

Así que nada, feminismo a tutiplen. En dos versiones. Tenemos a un presi italiano al que le pierden las pajarracas siliconadas y que en lugar de ponerles pisos (que queda feo y da pie a maledicencias) les quiere poner escaños, o así. Y luego tenemos a otra pájara, muy mona y con mucha clase, que ha tenido en jaque a un país entero sin abrir la boca. Con lo primero nos hemos indignado, y con lo segundo se nos ha hecho el chichi pesicola. Yo no le veo tanta diferencia. Unas son tirando a chonis, y la otra va de Channel. Monas son todas. Y floreros también. En italia tienen un presi cateto. En España tenemos catetos a mansalva. Hemos meneado la cabeza con la ocurrencia de Silvio de pasear pencas. Y a la otra penca le hemos puesto alfombra roja. Por mona, elegante, discreta y decorativa. Que es lo que debe ser una mujer modelna. Caramba. De política que hable su marido. Tampoco nos importa. Y ella que salga en el Hola. Que pa eso está.

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lunes, 2 de marzo de 2009

Esclavas modernas

Lenka
en Esperando a los búhos

Rihanna ha vuelto con su novio, el rapero Chris Brown. Dicho así parece la típica noticia chorra sobre los avatares sentimentales de los famosos. Porque, claro, estamos hablando de famosos. Por si alguien no lo sabe, cosa que me sorprendería, Rihanna es una cantante conocidísima con legiones de fans, un mega fenómeno reciente (también modelo, ya que tiene un físico muy cotizado) con mucho éxito. Hasta ahí, bien. Una chica muy joven y muy guapa que no canta mal (al menos no tiene una de esas voces iguales a todas las otras voces de cantantes jóvenes) y que, también para variar, no es la típica y tópica yankee rubia. Hace música de esa bailable, de discoteca, de la que, en mi humilde opinión, no te machaca el cerebro ni te da ganas de salir huyendo. No soy seguidora, ni mucho menos, pero reconozco que se deja oír.

El quid de la noticia es que esta chica, en efecto, ha vuelto con su novio, que es el mismo chaval que hace unas tres semanas le desfiguró la cara a golpes y mordiscos consiguiendo que ella terminara en el hospital. La prensa cubre todo el suceso, por supuesto, y, como es habitual, se produce una curiosa mezcla de morbo amarillista, escándalo e indignación que, imagino, en unos casos será sincera y en otros mera hipocresía porque, como todos sabemos demasiado bien, la sangre gusta. Así funciona, por desgracia. Una relación amorosa normal no vende. Siempre resulta más rentable que haya cuernos, drogas, alcohol, broncas sonadas, denuncias y, por qué no, lesiones. No quiero decir con esto que se trate de un montaje. La paliza fue real e indiscutible. Sólo cuestiono la manera en que tratamos estas cosas, la cantidad de portadas, entrevistas, dinero, tertulias amarillas, "expertos" opinadores, sensacionalismo y carnaza que suele acompañar a hechos tan lamentables.

Pero volvamos a Rihanna. Es ella, su actitud, la que me despierta mayor curiosidad, pasmo, dudas y sí, cierta indignación, aunque no sé si esa es la palabra adecuada. Tengo una pregunta bulléndome en el cerebro y no consigo responderla, ni empleando mis mejores artes empáticas. No logro comprender. Cómo es posible que una chica de hoy día, una chica de sólo veintiún años, con éxito, con dinero, con reconocimiento, famosa, amada, deseada, idolatrada, un icono, imitada, premiada y aplaudida, admirada y encumbrada, haya decidido seguir durmiendo con su enemigo, con su verdugo? Qué siente esta chica para estar convencida, como parece, de necesitar a este tipo, a un penco que ni la ama ni la respeta ni, probablemente, sea capaz de amar ni respetar nada en absoluto? Cómo una chica de estos tiempos que, además, carece de problemas económicos, que, en teoría, es completamente libre e independiente, mucho más de lo que pueda serlo el común de los mortales, decide por propia voluntad darle la mano al desgraciado que la maltrató con saña?

Obviamente debe tratarse de una necesidad emocional. Cómo es posible que algunas personas tengan ese tipo de dependencias? Qué herramientas les faltan, qué problema hay, dónde está el fallo? El instinto nos mueve a huir despavoridos de aquello que nos hace daño, de lo que constituye un peligro para nuestra integridad física. Parece algo de lo más elemental. Qué clase de "fuerza" es capaz de anular hasta el más básico instinto de supervivencia y mantenernos encadenados a un torturador? Cómo lo habrá razonado Rihanna, cómo se lo justificará a sí misma? Con un sencillo "le amo"? Qué clase de concepto hemos fabricado en torno al amor? De nuevo podemos señalar a los cuentos de Príncipes Azules, a las películas de romanticismo irreal, a los trillados lemas de "el amor lo puede todo"? Cómo una imagen tan idealizada del amor puede provocar justo lo contrario, es decir, la capacidad de soportar lo insoportable? Hemos mezclado todo ese rollo color de rosa con el otro rollo, el del sufrimiento que dignifica y ennoblece, el del sacrificio y el perdón a toda costa, el de "quien bien te quiere te hará llorar"? Es gracias a este brebaje que hemos llegado a creer que sí, que vale todo, que el amor sólo merece tal nombre cuando nos devasta, que no hay nada más bello que padecer por su causa, y que la divinidad y la perfección de ese amor ideal de película se basa precisamente en el dolor que provoca? Hemos idealizado el horror, las lágrimas?

Te doy mis ojos, te di la vida entera, soy tuya para siempre, la media naranja, un alma en dos cuerpos... nuestro mayor error ha sido creernos todo eso y hacerlo literal? Quizá debimos dejarlo en los versos, meras palabras, mero suspiro. Hemos asumido y normalizado lo de "morir por amor"? Porque, para que uno sufra y padezca y alcance la sublimación romántica... entonces debe haber otro que haga sufrir y padecer. Se resume esto a una cuestión de víctima y verdugo? Hay quien entiende el amor como "no ser" si tropieza con otro que lo entiende como "no dejar ser"? Cómo puede traducirse el amor a la mezquindad, la posesión, la crueldad, el daño, la destrucción? Cómo alguien puede creer que ama cuando hace eso, y cómo alguien puede amar a quien le destroza, cómo puede una persona sentirse amada por quien le machaca? Por qué unos asumen el amor como una amputación a realizar, y otros como una amputación a recibir?

No hablamos de mujeres de antaño, educadas en el sometimiento, no hablamos de dependencias económicas, de montones de niños que alimentar, no hablamos de no tener a dónde ir, de una sociedad intransigente dispuesto a señalar a la que se rebele, no hablamos de mujeres solas, sin derechos, invisibles. Hablamos de Rihanna y de muchas como ella. Hablamos de algo en las emociones que parece incomprensible. Y la sensación, triste y desoladora, es que hay mujeres que nacen esclavas y morirán esclavas. O se hacen. O lo parecen. No logro entenderlo, y, por más que lo medito, vuelvo al mismo interrogante. Por qué?

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lunes, 16 de febrero de 2009

XXX

Lenka
en Esperando a los búhos

En una ocasión de fiesta y jolgorio se lamentaba un colega de cómo somos las mujeres, y para dar solidez a sus argumentos (no entiendo muy bien cuáles ni cómo) preguntaba al auditorio a cuántos de los presentes varones les molaba el porno. Se alzaron todas las manos, todas. Cuando el tipo repitió la pregunta a las féminas, sólo se alzó mi mano. En aquel momento tendría que haber dado muchas explicaciones y matices que, dado el incalculable nivel de alcohol en sangre de la concurrencia, habrían caído en saco roto. Pero la cosa me siguió zumbando en la mollera, así que hoy, con tiempo y lucidez, creo poder explayarme.

Me gusta el porno como idea. Si podemos disfrutar viendo cómo otros aman, sufren, viven mil aventuras, cometen bajezas u obran prodigios, podemos disfrutar también viendo cómo otros gozan de los placeres de la carne. Por qué no? Es un goce que compartimos y entendemos. El sexo forma parte de la vida. Hasta ahí, todo estupendo. Ahora bien, lamentablemente no me gusta el porno tal y como es. Vaya por delante que hablaré por mí, daré mi opinión, teclearé en primera persona. En modo alguno pretendo ni voy a ser la voz de nadie, ni de mis amigas, ni del vecino del quinto ni del Santo Padre ni de las mujeres en general. Yo.

El porno, tal y como es, no me gusta por varias razones. La primera de ellas es que entiendo que está hecho por hombres y para hombres. Es decir, para su uso y disfrute. Es decir, desde un prisma totalmente masculino. Pero digo más, desde un prisma tan ostentosamente falócrata que pasma. Vayamos por partes.

El porno, en general, recrea fantasías masculinas. Y añado: pueriles hasta el paroxismo. Se repite todo. Se repite el esquema de la coyunda, véase, un minutejo de cunnilingus, una generosa felación, vaginal, anal y explosiva eyaculación sobre ansiosa anatomía femenina. Una y otra vez, con pocas variantes. Se repite el arquetipo femenino, véase, rubia neumática. Hasta el punto que lo que se salga de ahí se etiqueta adecuadamente: asiáticas, latinas, negras, gordas, lo que proceda. Como si no fueran mujeres, o fueran mujeres raras, ajenas, de otro tipo. Se repite la parafernalia, véase, uniformes absurdos, lencería hortera, uñas kilométricas, tacones imposibles, cueros, látex. Se repite la teoría: mujeres viciosas y siempre dispuestas, en cualquier situación o momento, no importa si con uno o con catorce, sin necesidad del menor estímulo, provocación o aliciente. De hecho, normalmente son ellas las que atacan al macho, quizá el súmun de la fantasía masculina.

Naturalmente, se repite la escena lésbica en toda película del ramo. Otra fantasía recurrente. Supongo que será una mera cuestión numérica (mejor cuatro tetas que dos). Pero claro, las lesbianas del porno no son lesbianas, porque el hombre siempre va incluido en el numerito, ya sea como mero espectador o incluso participando. La lesbiana no es lesbiana, es una señora calentona dispuesta a lo que sea por excitar al hombre. La lesbiana es cualquier mujer con ganas de cumplir las fantasías de su contrario, la posibilidad maravillosa del trío con la cuñada. Es más, la mujer que se excite con escenas o fantasías lésbicas es considerada por el hombre como abierta, chachi, moderna. Jamás hay escena entre hombres, porque da asco. Porque un hetero no debe excitarse con semejante marranada. Supongo que la conclusión entonces es que, en general, el hombre hetero que no se excite viendo sexo gay es carca, cerril y conservador. Y nunca será lo bastante moderno o abierto como para plantearse cumplir la fantasía del trío con el cuñado. A santo de qué tantas implicaciones? La fantasía es fantasía. El sexo es sexo. Es hermoso y es excitante, lo protagonicen macho y hembra, dos hembras, dos machos, una legión o la comunidad de vecinos en pleno. Por qué tanto miedo? Que me excite una escena entre féminas no me convierte en lesbiana, ni siquiera en bisexual, no soy más moderna ni más cool. Sólo empatizo con lo que transmite la escena, con lo que sé y conozco del placer, el mismo que ellas me dicen sentir. Es la misma empatía que siento cuando le río un buen chiste al villano, y eso no me convierte en sociópata. Cada cual sabrá qué le pone y qué no, pero esa repugnancia masculina ante lo homosexual y ese gusto tan normalizado por el rollo bollo me resulta de lo más curioso e incongruente. Supongo que la única explicación es la obvia: que las escenas tortilleras del porno son absolutamente masculinas y heteras en el fondo. Jamás veremos una escena lesbi sin falos, reales o plastificados. Siempre hay penetración. Pero es más, es que siempre hay falos insertados hasta la laringe. Y, por más que lo medito, no logro entender qué estimulación puede sentir una lesbiana chupando un dildo. Siendo penetrada quizá (las hay que lo disfrutan, las hay que se asquean con la idea), pero metiéndoselo en la boca y fingiendo una felación?? No les gustaría hacérsela a un ser vivo gozante, así que imaginaos a un cacho goma, que ni siente ni padece. A no ser, claro, que las tías tengamos otro punto G en la tráquea, y yo sin enterarme!!!

Ellas no importan mucho. Cumplen una función estética, de entrega total, de sumisión, de complacencia. Importa la eyaculación (que es el premio gordo). Ellas, al fin y al cabo, viven un contínuo y agradecido orgasmo, desde que el butanero abre la puerta y las mira. El placer de ellas es facilísimo, no requiere esfuerzo ni dedicación. Ellas gozan porque ellos gozan. Simplísimo. Y no hablemos ya de los planos!! Otra cosa que no comprendo. Dicen que la belleza está en el interior, pero cielos... tiene que ser tan literal? Por más que lo intento, no logro ver qué tiene de erótica una fosa abisal, un útero o un intestino. Y no me explico cómo es que no se venden en los Sex Shops vídeos de autopsias o de operaciones a corazón abierto. No me explico cómo es que no hay más tíos estudiando ginecología o patología forense. Semejante genitalidad me baja la líbido a los talones. Semejante devoción por el agujero (el que sea), por su capacidad de dilatación, por contabilizar cuántos objetos fálicos o falos de tomo y lomo caben por el mismo resquicio, me asombra. Pero resulta que es la esencia misma del porno. Tienen que enseñarnos que es real. De nuevo me resulta pueril y simplón. Cuando voy al cine no necesito que los actores palmen de verdad, ni que sangren de verdad, ni siquiera que lloren de verdad. Me basta con que me lo hagan creer de manera convincente.

Para mí ninguna escena de cine porno puede superar jamás en erotismo, belleza y calentura de bajos a cualquier escena sexual de una peli normal y corriente. Jamás. Porque lo que yo quiero es ver caras de placer, gestos de placer, oír susurros, frases cochinotas, una caricia ruda, una ropa que se aparta con impaciencia, el sudor que te pega el pelo, el carmín que se emborrona. Conozco perfectamente los mecanismos fisiológicos de la penetración, me sobra imaginación y experiencia propia para evocarlos en mi mente, así que no concibo que sea de vital importancia mostrarme un cacho de carne meterse a empellones en otro cacho de carne con posturas imposibles y cámaras indiscretas. Ya sé lo que es. Ya sé que están fornicando. No soy cortita. Enséñeme usted la cara de nirvana que ponen, que ya me imagino yo el resto. Puestos a enseñar, enseñe usted algo que vaya más allá del ariete. Enséñeme que se puede tocar el sexo de alguien sin que parezca una zambomba o una batidora, enséñeme caricias, roces, juegos en la ducha, un pañuelo de seda, una pluma, dejarse la ropa puesta, hielos, bombones, nata montada, cojines, las mil posibilidades, y no sólo un martillo neumático taladrando a una tía con la pierna detrás de la nuca pa que veamos todos que es verdad, sí, sin trampa ni cartón, vamos, como que está la cámara tan cerca que le puedo contar las venas a la muchacha.

No hablemos de los diálogos, por los dioses benditos. De verdad, lo juro, no necesito que declamen a Shakespeare, no necesito que se casen al final y tengan hijitos. En serio. Pero cristo, por favor, cómo puede alguien excitarse con cosas del tipo: "mmmm, vaya, ya veo que eres una guarrilla!! Ay, sí, es que tengo aquí como un picor... rásqueme, Señor Director". Eso es, como poco, para espatarrarse, pero de la risa. Me juego lo que sea, a ojos cerrados, que en cualquier dormitorio, en la más corriente y moliente alcoba conyugal de matrimonio de toda la vida se pronuncian frases más excitantes y evocadoras que en estas desgracias guionísticas. Apuesto lo que sea a que el sueño tórrido de una novicia carmelita del medievo me resultaría más lascivo y provocador que cualquiera de estas escenas chorras e insulsas. Y es que esa es otra. Cuando se quieren poner originales, creativos, culturetas y exquisitos, aún la fastidian más. Porque vamos a ver, por favor, si a usted se le antoja contarme una historia erótico festiva basada en las andanzas de una frívola y siniestra princesa de Transilvania... pretende que me la crea encarnada en la típica y tópica tiparraca peliteñida, con uñas de porcelana, tanga de leopardo bajo los faldones, tacones de aguja, vello púbico en forma de corazón y pechugas de silicona??? Usted se cree que para trasladarme a los Cárpatos en plena orgía de vicio basta con agarrar a la Playmate de Febrero del dos mil y ponerle un corsé de plástico???

Un poco de realismo no vendría mal. A mí me encantaría. En el físico, para empezar. Estoy hasta la peineta de tías de goma y chorbos con pinta de marines depilaos. Y hasta el moño de situaciones inverosímiles que rozan el esperpento y rebasan la cutrez. Hasta las orejas estoy de escenarios casposos, de impedimenta ridícula. Harta del butanero con bronceado californiano recibido a puerta gayola por una penca en picardías, botas hasta el muslo y un plumero en la mano, así, fíjese, es que me había puesto cómoda para limpiar el polvo... ven pacá que te vi a dar yo polvo del güeno. Es que me escojono a mandíbula batiente. Por favor, cuéntenme algo que pueda creerme. Sáquenme a un chaval normalito, qué sé yo, un estudiante con sus vaqueros, su camiseta de Maiden y sus gafas trincando contra la pared a una chica con falda hippie y sin pintar, escondidos en el laboratorio de química. Cuéntenme la del fontanero si quieren, pero con una señora hermosa, normal, de carne y hueso, una que podría ser yo misma, o la cajera del super, poniéndose morada con el del quinto, pa que la próxima vez que nos crucemos en el portal se me escape una sonrisita tonta.

Hablen de sexo, puro sexo, sin argumento, sin moraleja, sin valses nupciales al final, pero de un sexo real, reconocible, empatizable, imaginable, de algo que suene y huela a sexo, que yo pueda fantasear que es posible, que le puede pasar a cualquiera. Cuenten historias de perversidad psicológica, de aventuras escabrosas, de fornicios prohibidos. Déjenme ver mujeres maduras, hombres con pelos, pecas, lunares, pechos de carne (para los que los hayan olvidado: son los que se mueven), zapatos bajos, bragas, bravos vikingos o monjas lujuriosas, pero que se pueda creer. Y, lo lamento, las monjas no usan ligueros. Ni carmín. Déjenme jugar a creer que esa podría ser una monja, oivá, flípalo, colega. Qué fuerrrrte. Déjenme creer que ellos no ven las cámaras, como en una peli cualquiera. Que estoy siendo la mirona de una escena privada. No me metan la cámara en la entrepierna de nadie, porque yo tampoco quiero pensar que hay cámaras con ellos.

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viernes, 23 de enero de 2009

El arte de la provocación (y viceversa)

Lenka
en Esperando a los búhos

Hace menos de una semana escuchaba un debate radiofónico sobre el arte, su labor educativa, estética y propagandística a lo largo de la historia, su evolución, su influencia... los contertulios, todos ellos, llegaron a una conclusión no por significativamente compartida menos desoladora: el arte ha muerto. Pero vayamos por partes. La raíz de dicha tertulia fue la indignada reacción de Santiago Sierra (conocidísimo artista español del que servidora no tenía ni noticia, Jesús, qué incultura) cuando la prensa le preguntó, en alusión a su último trabajo, si pretendía ser provocativo. Aclaremos que dicho trabajo consiste en un vídeo de cuarenta y cinco minutos de duración en el que se exhiben múltiples combinaciones posibles de penetración anal entre hombres y mujeres, tanto blancos como negros. La obra en cuestión responde al título de "Los penetrados" (no se puede acusar al autor de publicidad engañosa) y, para llevarla a cabo, se realizó un casting entre numerosos candidatos que, además, recibieron una compensación económica de doscientos cincuenta euros por cabeza.

Bien. No he visto el vídeo pero puedo imaginármelo. La explicación que Sierra hace de su propuesta me resultó un tanto enrevesada, así que pido disculpas de antemano por los errores que seguramente contendrá mi versión del asunto. Era algo así como la fascinación por el porno, el miedo a la multiculturalidad, no sé qué del racismo y no sé cuántos de la política. Lo juro, no entendí nada y no logré retenerlo. Supongo que el mensaje original puede encontrarse fácilmente en la red de redes, pero lo cierto es que no interesa mucho para lo que pretendo comentar. De entrada me centraré en lo previsible. Obra de arte (digamos) con alto contenido sexual. Polémica. Preguntas, teorías, intenciones. Escándalo, provocación. Era ese su objetivo? Cabreo superlativo de Sierra que, indignado, aseguró estar harto de ser tildado de provocador, tras una trayectoria muy seria y profesional de veinte años. Y estaba harto, sobre todo, de que toda aquella expresión artística que no ensalzara las virtudes del poder fuera inmediatamente tachada de provocadora. En qué se basa este hombre para afirmar tal cosa, lo ignoro. Confieso que me he perdido.

Supongo que el debate es estéril. No sé si el arte ha muerto porque ni siquiera me veo capaz de definir el arte. No sé quién decide que una cosa es un manchurrón y otra parecida una obra única, parida por el genio de una mente privilegiada. No llego a tanto, ni lo pretendo. Quizá por eso no logro entender que un señor que llama arte a cuarenta y cinco minutos de sodomía, que pretendió una vez llenar de monóxido de carbono una sinagoga (según él, para condenar la barbarie del Holocausto y lograr que cualquier espectador pudiera empatizar con las víctimas sintiendo lo que ellos sintieron), o que construyó no sé cuántos módulos con heces humanas (el mensaje de esto último lo ignoro por completo), se agarre un cabreo de mil pares cuando le llaman provocador. De verdad pretende otra cosa que no sea provocar? El arte debe ser provocador, ir siempre contra lo establecido? Contra qué exactamente pretenderá ir el darse por el orto o los excrementos? Dónde quedó la estética del arte? Será por su ausencia clamorosa por lo que tantos dicen que ha muerto?

Mi conclusión es que, para más inri, los periodistas andaban de lo más desencaminados. Provocativo el sexo? A estas alturas? Hombre, por favor. Con la indigestión de cine porno, de publicidad explícita, de culto al cuerpo, de documentales, programas, artículos e investigaciones sobre el tema (increíble lo que da de sí la actividad más antigua y natural del ser humano), con la cantidad de debate que ha provocado, la de lecciones que nos siguen dando (queda alguien sobre la faz de la tierra que no sepa lo que son las bolas chinas?), el interés y el morbo que aún despierta (y eso que desde Calígula no hemos inventado nada, es más, corderitos somos al lado de aquellos lobos), cómo puede ser que aún se considere provocador? Y más en estos tiempos de libertades, lascivias, vicios confesos y exhibicionismo, ahora que todos somos tan modernos, tan chachis, tan erótico festivos! Provocador el sexo, con la que está cayendo, que nos lo meten hasta en la carta de ajuste? Qué va. Provocadora sería una muestra fotográfica de personas que, en medio de esta juerga, han decidido ser castos. Eso sí que es nadar contra corriente. Con un par. No se me ocurre nada más anti sistema. A mí, francamente, me dejaría con la boca abierta. Y puede que también se quedaran pasmados algunos artistas (esos que tanto se enfurruñan cuando se les acusa de polémicos) si, de repente, sus obras pasaran desapercibidas, sin provocar escándalo. Si se les aplaudiera unánimente. Os imagináis? Peor aún, si se les abucheara por aburridos!!! Quizá más de uno se indignaría de verdad entonces, dejando más que claras sus intenciones originales. Seré pérfida, pero lo que pagaría por verlo.

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jueves, 15 de enero de 2009

Quién ha sido?

Lenka
en Esperando a los búhos

Cómo era el amor antes? Se juntaban las parejas sólo para procrear, para satisfacer ciertas necesidades? Creamos la sociedad a base de hacer grupos que se defendían los unos de los otros? La progenie, la supervivencia. Cuándo entró el amor en todo esto? Lo hubo siempre, desde que somos racionales? Ahora dicen que el amor es una mera cuestión química. Feromonas, olores, hormonas y demás. Cuánto hay de instinto y cuánto de emotividad? Y qué es la emotividad? Emparejarse ha sido útil en el más amplio sentido de la palabra. Desde la mera propagación de los genes hasta la interesada unión de blasones, apellidos, escudos de armas, tierras y fortunas. Pero cuándo nació el amor? En la corte de Leonor de Aquitania? O ella se limitó a darle publicidad, a patrocinar el producto, a inventar la parafernalia del cortejo? El amor era distinto para los de arriba y para los de abajo?a En qué momento empezamos a emparejarnos por AMOR, sea lo que sea eso? Cuánto de instinto y cuánto de interés conservamos en este juego? Se sufría más o menos cuando tu padre te entregaba a un hombre que él elegía? Funciona mejor o peor desde que somos nosotros los que nos buscamos, los que escogemos? La emotividad se ha cargado el amor? Era mejor verlo como un negocio, como una asociación? Es mejor entenderlo como mera compañía mutua? Pero es triste, verdad?

Por qué sufrimos tanto por amor? Qué esperamos de él? Cuánto somos capaces de pedirle y a cambio de qué? Es todo culpa de las películas? Nos han vendido la moto de la media naranja, del ser perfecto que se nos ajuste como un guante y nos lo hemos creído? Por eso sufrimos tanto buscando esa media naranja que nunca llega y coleccionando cáscaras de limón? Estamos pidiendo lo imposible? Es muy romántico, pero, no es también un tanto masoquista? Son más felices los que se conforman? Y, en realidad, se conforman, y por tanto son cobardes, o simplemente aceptan demostrando madurez e inteligencia? De verdad son felices, o anhelan en secreto la gran historia, la que, si algún día apareciera, les cambiaría la vida por completo? Se atreven a soñar tal disparate los felices? O no les hace falta? Es, en realidad, un disparate?
De verdad hay que sufrir por amor? Cuando no duele, es menos noble? Por qué tanta gente siente que le falta algo para ser del todo feliz? Por qué algunos sienten esa nostalgia de lo que no han tenido? Por qué otros exigen al amor una perfección que parece no existir? Por qué encuentras a tantas personas que se atan a otras con desesperación de náufrago, que prefieren ahogarse con alguien antes que caminar solos? Por qué unos esclavizan y otros se dejan esclavizar? Por qué algunos llegan a sentir que el otro les pertenece, que ya no es una vida, sino su propia vida? Por qué hay tantos que se enamoran del amor mismo, se empeñan en idealizar a una persona y luego se sienten engañados al comprobar que no era así? Por qué los hay que se fijan en lo opuesto a lo que desean con la extraña intención de cambiarles a su gusto? Cómo se puede amar a alguien deseando que sea otra persona? Realmente la química puede complicarnos tanto la vida?
El amor galante, las novelas, el cine, San Valentín y los ramos de rosas... cómo hemos llegado a meternos en este lío??

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jueves, 8 de enero de 2009

Con-tu-mismo

Lenka
en Esperando a los búhos

Siguiendo el consejo de Juan, voy a plagiarme a mí misma hablando de un tema que me tiene fascinada hace tiempo. A nadie se le escapa que vivimos en un mundo ferozmente consumista. Se trata de un engranaje perfecto de puro simple, aunque parezca complejo. Deseamos lo que vemos, que diría Lecter, así que resulta sencillo meternos cosas por los ojos, máxime si nos lo envuelven con colorines, musiquillas pegadizas y si es un ídolo el que nos lo ofrece. Pero vayamos por partes.

Hace tiempo que suplimos nuestras necesidades básicas (alimento, refugio, calor, vestido) y, como dijo el señor aquel de la pirámide, tenían que aparecer necesidades nuevas. Nuestros ancestros no se aburrían porque no tenían tiempo. Les bastaba con sobrevivir. Hoy día, que no nos acechan depredadores al salir de la cueva, ni vienen los del clan vecino a meternos un estacazo, nos encontramos con que nos sobran horas que hay que llenar. Y, desde que empezó ese proceso, estamos inmersos en la espiral. Avanzamos. Una vez explorado el planeta, por qué no la luna? Una vez conocida la tierra firme, por qué no el fondo del mar? Una vez conocidas las bacterias, por qué no descifrar el genoma humano? Una vez inventado el teléfono, qué tal internet? Es innegable que la mente humana es inquieta, queremos más, vamos a más, y eso nos proporciona comodidades impensables medio siglo antes (o menos, porque cada vez es todo más rápido) pero resulta que también nos esclaviza de mil maneras.

Alguien se ha preguntado por qué aquella primera nevera que se compraron los abuelos con enorme esfuerzo sigue funcionando eones después en la casa del pueblo, mientras que la nuestra, último modelo, flamante y maravillosa, con función no frost y la madre del cordero, ya empieza a perder agua y se le caen los cajones del congelador? Alguien sabe por qué nuestos vaqueros del insti siguen enteros (aunque ya no cabemos en ellos) y los que nos compramos el año pasado están hechos unos zorros? Por qué, si tenían todo el material desde el principio, sacaron cuatrocientas versiones y packs limitadísimos de El Señor de los Anillos, y cada nueva entrega tenía algo que la anterior no tenía? Porque, como cuenta el documental aquel que alguien nos enseñó (fue Kaken??) no interesa la perdurabilidad de las cosas, todo es finito, todo tiene que romperse, escacharrarse y quedarse obsoleto, hay que modernizarse cada mes y estar al día, y gastar, gastar, consumir, y formar parte de la rueda.

Y, por qué? Para ser alguien. Juan se pasma de que, en plena era de la tecnología, la comunicación y la ciencia, estemos cada vez más solos, más aislados. Resulta pasmoso también que en una época tan aparentemente aséptica, segura y avanzada, cada vez tengamos más miedo, seamos más paranoicos. Hemos curado la gripe y podemos vivir con el corazón de otro, pero andamos cargados de stress, ansiedad, neuras, fobias, histerias y síndromes. Hemos, prácticamente, asegurado nuestra vejez, pero nos aterra la idea de llegar a ella, de arrugarnos, de estropearnos. Ya no tenemos lepra, pero tenemos algo casi peor, horror, tragedia: celulitis y estrías, patas de pollo, flaccidez y descolgamiento!!!

Es una época individualista, competitiva y, en mi opinión, superficial. No importa lo que se es, importa lo que se parece. Hay que aparentar belleza y juventud eternas, clase y distinción, ser modernos, estar al día, poder con todo, verlo todo, saberlo todo. Somos lo que parecemos y lo que tenemos. Nos venden exclusividad por kilos, ser especial es ser como el resto en una paradoja descomunal. Si no tienes tal coche, no eres. Si no usas tal perfume, no eres. Los que son, lo tienen. No lo tienes? No eres. Hay que ser. Ser qué? Único, diferente, exclusivo. Como todos esos. Sólo serás tú misma si usas la laca de Penélope, que, obvio, la usan todas las demás para ser como Penélope. Cómo se puede ser exclusivo así, saltando de cabeza al montón? Cómo se puede ser uno mismo basándose en cosas, adornos, firmas, marcas, diseños, etiquetas, tribus?

No puedes ser George Clooney, pero puedes vestirte como él, perfumarte como él y beber el mismo café que él. Puedes parecerte a él, y entonces serás auténticamente tú. No sé a vosotros, a mí se me escapa el concepto. Supongo que siempre (o desde hace mucho) ha existido esta paranoia entre lo que somos realmente y lo que queremos ser, lo que deseamos mostrar a los demás, lo que creemos que se espera de nosotros. Imagino que nunca ha sido fácil equilibrar todo eso, pero es que ahora... hay que parecerse a tanta gente, tener tantas cosas, ser tan auténticamente... todo!! Tenemos tanto tiempo, tantos huecos que llenar... ropa de diseño, coches de diseño, uñas de diseño, pelo de diseño, pisos de diseño, muebles de diseño, relojes de diseño, comida de diseño, cuerpos de diseño, vacaciones de diseño, y deportes, y fiestas, y juegos, y taras y vidas de diseño.

Nada de veranear en Torremolinos, como los cutres. Hay que ir a Vietnam, como ellos, los del glamour y el status. Qué es eso de irse al campo con la tortilla y las palas? No, hagámonos socios del club de golf, como ellos. Aunque no juguemos en la vida. Hagamos puenting, y spatarring, y trompazing, que es más moderno. Para qué ser un feliz mediocre, cuando puedes ser antisocial y fóbico, como ellos, tomar prozac como ellos y hasta esnifar, como ellos?? Es mucho más cool. Hasta envidiamos las miserias de los otros, de ellos, de los dioses. Mi vecina es una zampabollos, Lady Di era bulímica, que todavía hay clases. Yo estoy como una cabra, la Jolie es excéntrica, ella. Qué mona.

Hagamos fen shui, y tai chi, y pilates, y seamos de la kábala y la cienciología, y comamos cardos borriqueros y bebamos agua fresca de manantial tibetano, porque lo hacen ellos. No tenemos ni la más remota idea de qué es, ni para qué sirve, pero lo hacen ellos (que tampoco tienen la menor idea de lo que es), y suena bien, y lo venden bonito, así que hagámoslo. Que es lo último. Tía. Que no te enteras.

Y, claro, como la publicidad es tan lista, sabe bien cuáles son nuestras limitaciones. Sabe que algunos nunca podremos tener los pedruscos de Nicole (si acaso en los riñones) ni el buga de James Bond. Así que nos ofrecen cosas a nuestro alcance, al alcance de todos esos que queremos ser una élite, ser únicos y exclusivos. Y se inventan un lenguaje propio y absurdo para hipnotizarnos. No me refiero a las cremas con ADN vegetal, ni al detergente oxi-action con sistema inteligence (dioooooos!), me refiero a lo que ya cantó Sabina cuando descubrió, seguramente horrorizado, que El Dodaro era un champú. Resulta que la revolución es un cepillo de dientes. Que se pueden reivindicar los rizos!!! Que las pestañas pueden ser extremas!!! Y la perfección, un afeitado!!! Un climatizador es arte!!! Y la magia de la Navidad... la tiene El Corte Inglés!!!

Vaya por delante que admiro enormemente la creatividad de algunos publicistas, capaces de contarnos cualquier historia en apenas unos minutos. Pero confieso que algunas estrategias de marketing me dejan muerta. Hay palabras que se han pervertido por completo, otras las han inventado sin sonrojo y otras nos las meten con calzador con cualquier excusa. A este paso hasta las plantillas para pies fétidos serán un símbolo de clase y glamour. Adquiera esta joya exclusiva, con certificado de autenticidad que vestirá su muñeca con elegancia y distinción, y páguela en cómodos plazos... me desternillo. Oiga, usted, es que la clase está reñida con las cuotas? Nooooo, ya no. Se puede ser distinguido a plazos y sin intereses. Es cómico, o al menos a mí me lo parece.

Y el remate final, el lema del siglo, la frase con mayúsculas y letra de imprenta: "no es lo que tengo, es lo que soy". Toma ya. La paradoja es que si no tengo, no soy. Por eso hay que tener y tener. Cada vez más. Para ser yo mismo, como Banderas y la Scarlett. Y de tanto consumir... nos estamos consumiendo!!!!

Advertencia: esta entrada es puramente cómica, seguramente exagerada y hasta banaliza cuestiones serias por puro afán incordión. Que nadie haga demasiado caso. Estaba un pelín ociosa y decidí tocar un rato las narices. Sin más. Porque yo lo valgo.

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